lunes, 26 de marzo de 2018

Pedagogía del fracaso (Archipiélago Orwell)

Carlos Serra

Miembro fundador de PLIS. Educación, por favor

El Mundo, 26 de marzo de 2018





    El descalabro del modelo educativo implantado en España por la irredenta progresía allá por
1990 es relativo. Nos hemos habituado a hablar de fracaso de la enseñanza española por el
marasmo intelectual que ha generado, a la vista de los resultados académicos reflejados en
todas las pruebas externas a las que ha sido sometido el sistema educativo español desde la
reforma nacional-socialista.

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     El error de apreciación en el que resulta sencillo caer es el de juzgar una política de claro
sesgo ideológico por sus resultados, no por sus intenciones. Ocurre, así, lo que decía J.F. Revel
con respecto al comunismo: es una ideología que se evalúa por sus promesas, no por sus
efectos.

      Bajo este nuevo prisma hermenéutico, la progresía española ha cosechado un enorme éxito en
las últimas tres décadas, puesto que la retórica marxista presente en el articulado de todas las
leyes educativas, desde la logse hasta la lomce, prometía y promete subrepticiamente
desmantelar la escuela de su principal función, la de ser instrumento de promoción social a
través de la instrucción. Atendiendo a este último factor no nos queda más remedio que
reconocer que el modelo educativo actual ha cosechado un éxito rotundo.

     El informe publicado este mes por el Foro Económico Mundial confirma el derribo, con acta
de defunción, de nuestra escuela y nuestro sistema educativo (España por detrás de Armenia,
Moldavia, Líbano, Indonesia, Zimbabue o Ruanda). Lo obsceno es que los resultados seguirán
empeorando bajo previsión ideológica y la meta de las reformas aludidas seguirá
consolidándose curso escolar tras curso escolar.

     Para entender este análisis basta estar familiarizado con la jerga academicista que
preconizaban los maoístas europeos de mayo del 68, entusiastas de las bondades criminógenas
del gran salto adelante y apologistas de la lucha de clases como mecanismo de interpretación
de la historia. Para estos marxistas de manicura la escuela no es sino un instrumento al
servicio de los intereses de clase. Lo expresa sucintamente Pierre Bourdieu a finales de los
ochenta:

     Nadie puede negar que la escuela contribuye (...) a distribuir saberes y saber-hacer; pero no es
menos cierto que contribuye también, y cada vez más, a la distribución de los poderes y los
privilegios y a la legitimación de esta distribución. (…) La escuela liberadora es el nuevo opio
del pueblo.

     Por tanto, la Escuela debe ser destruida puesto que reproduce la cultura de la clase
dominante. Se entiende, entonces, por qué la formación académica ya no se considera una
prioridad, ni siquiera un objetivo. La escuela reproduce desigualdades sociales, por lo que
cabe transformarla en guarderías de adultos donde la convivencia y la concienciación social
sean los nuevos objetivos redentores.

     Para ello ha sido necesario desarmar intelectualmente a toda una generación.